Alimenta tu vida de la Palabra de Dios y recibe vida eterna. Cada día la actualizaremos para su lectura.
"No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios." Jesús.
San Mateo 4:4

lunes, 23 de abril de 2018

DIA 23 DE ABRIL - SALMO 37-39


Capítulo 37     

Dos conductas y dos destinos

1
No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.
2
Porque como hierba serán pronto cortados, Y como la hierba verde se secarán.
3
Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.
4
Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.
5
Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.
6
Exhibirá tu justicia como la luz, Y tu derecho como el mediodía.
7
Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades.
8
Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo.
9
Porque los malignos serán destruidos, Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.
10
Pues de aquí a poco no existirá el malo; Observarás su lugar, y no estará allí.
11
Pero los mansos heredarán la tierra, Y se recrearán con abundancia de paz.
12
Maquina el impío contra el justo, Y cruje contra él sus dientes;
13
El Señor se reirá de él; Porque ve que viene su día.
14
Los impíos desenvainan espada y entesan su arco, Para derribar al pobre y al menesteroso, Para matar a los de recto proceder.
15
Su espada entrará en su mismo corazón, Y su arco será quebrado.
16
Mejor es lo poco del justo, Que las riquezas de muchos pecadores.
17
Porque los brazos de los impíos serán quebrados; Mas el que sostiene a los justos es Jehová.
18
Conoce Jehová los días de los perfectos, Y la heredad de ellos será para siempre.
19
No serán avergonzados en el mal tiempo, Y en los días de hambre serán saciados.
20
Mas los impíos perecerán, Y los enemigos de Jehová como la grasa de los carneros Serán consumidos; se disiparán como el humo.
21
El impío toma prestado, y no paga; Mas el justo tiene misericordia, y da.
22
Porque los benditos de él heredarán la tierra; Y los malditos de él serán destruidos.
23
Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, Y él aprueba su camino.
24
Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, Porque Jehová sostiene su mano.
25
Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan.
26
En todo tiempo tiene misericordia, y presta; Y su descendencia es para bendición.
27
Apártate del mal, y haz el bien, Y vivirás para siempre.
28
Porque Jehová ama la rectitud, Y no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados; Mas la descendencia de los impíos será destruida.
29
Los justos heredarán la tierra, Y vivirán para siempre sobre ella.
30
La boca del justo habla sabiduría, Y su lengua habla justicia.
31
La ley de su Dios está en su corazón; Por tanto, sus pies no resbalarán.
32
Acecha el impío al justo, Y procura matarlo.
33
Jehová no lo dejará en sus manos, Ni lo condenará cuando le juzgaren.
34
Espera en Jehová, y guarda su camino, Y él te exaltará para heredar la tierra; Cuando sean destruidos los pecadores, lo verás.
35
Vi yo al impío sumamente enaltecido, Y que se extendía como laurel verde.
36
Pero él pasó, y he aquí ya no estaba; Lo busqué, y no fue hallado.
37
Considera al íntegro, y mira al justo; Porque hay un final dichoso para el hombre de paz.
38
Mas los transgresores serán todos a una destruidos; La posteridad de los impíos será extinguida.
39
Pero la salvación de los justos es de Jehová, Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia.
40
Jehová los ayudará y los librará; Los libertará de los impíos, y los salvará, Por cuanto en él esperaron.

Capítulo 38     

Plegaria en el sufrimiento

1
Jehová, no me reprendas en tu furor, Ni me castigues en tu ira.
2
Porque tus saetas cayeron sobre mí, Y sobre mí ha descendido tu mano.
3
Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira; Ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado.
4
Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; Como carga pesada se han agravado sobre mí.
5
Hieden y supuran mis llagas, A causa de mi locura.
6
Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, Ando enlutado todo el día.
7
Porque mis lomos están llenos de ardor, Y nada hay sano en mi carne.
8
Estoy debilitado y molido en gran manera; Gimo a causa de la conmoción de mi corazón.
9
Señor, delante de ti están todos mis deseos, Y mi suspiro no te es oculto.
10
Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor, Y aun la luz de mis ojos me falta ya.
11
Mis amigos y mis compañeros se mantienen lejos de mi plaga, Y mis cercanos se han alejado.
12
Los que buscan mi vida arman lazos, Y los que procuran mi mal hablan iniquidades, Y meditan fraudes todo el día.
13
Mas yo, como si fuera sordo, no oigo; Y soy como mudo que no abre la boca.
14
Soy, pues, como un hombre que no oye, Y en cuya boca no hay reprensiones.
15
Porque en ti, oh Jehová, he esperado; Tú responderás, Jehová Dios mío.
16
Dije: No se alegren de mí; Cuando mi pie resbale, no se engrandezcan sobre mí.
17
Pero yo estoy a punto de caer, Y mi dolor está delante de mí continuamente.
18
Por tanto, confesaré mi maldad, Y me contristaré por mi pecado.
19
Porque mis enemigos están vivos y fuertes, Y se han aumentado los que me aborrecen sin causa.
20
Los que pagan mal por bien Me son contrarios, por seguir yo lo bueno.
21
No me desampares, oh Jehová; Dios mío, no te alejes de mí.
22
Apresúrate a ayudarme, Oh Señor, mi salvación.

Capítulo 39     

La brevedad de la vida


1
Yo dije: Atenderé a mis caminos, Para no pecar con mi lengua; Guardaré mi boca con freno, En tanto que el impío esté delante de mí.
2
Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo bueno; Y se agravó mi dolor.
3
Se enardeció mi corazón dentro de mí; En mi meditación se encendió fuego, Y así proferí con mi lengua:
4
Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuán frágil soy.
5
He aquí, diste a mis días término corto, Y mi edad es como nada delante de ti; Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Selah
6
Ciertamente como una sombra es el hombre; Ciertamente en vano se afana; Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.
7
Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti.
8
Líbrame de todas mis transgresiones; No me pongas por escarnio del insensato.
9
Enmudecí, no abrí mi boca, Porque tú lo hiciste.
10
Quita de sobre mí tu plaga; Estoy consumido bajo los golpes de tu mano.
11
Con castigos por el pecado corriges al hombre, Y deshaces como polilla lo más estimado de él; Ciertamente vanidad es todo hombre. Selah
12
Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; Porque forastero soy para ti, Y advenedizo, como todos mis padres.
13
Déjame, y tomaré fuerzas, Antes que vaya y perezca.
  

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